LA CACERÍA
Estos días ha causado bastante escándalo la cacería en la que han disparado el juez Garzón y el fiscal, y ahora ministro de Justicia, Bermejo. El juez tiene un sumario abierto relacionado con el PP y el ministro lo es de un Gabinete del PSOE, al que tanto importa cualquier contratiempo que pueda sufrir la Oposición, sobre todo si se puede sacar a relucir en la contienda electoral, como ahora ocurre en Galicia y Vascongadas.
Creo que habrán tenido difícil no comentar el asunto. Que un juez, en plena ebullición de un proceso con tintes políticos, se vaya de caza con el Ministro de Justicia parece, cuando menos, atrevido, como lo han sido determinadas declaraciones de Garzón afirmando que ve indicios de responsabilidad en innominados miembros del partido de la oposición. Ni los jueces están para amagar, ni menos aún para irse a pegar tiros con un Ministro ya de por sí polémico. Como abogado, difiero de todo juez que hace tertulia. Me gustaría que se mantuvieran apartados de la gente, para evitarse sonrojos antes los amigos - que a veces hay que procesar, o hay que sentenciar su caso en contra - y para que no sufrieran el desgaste personal que exige, a veces, renunciar a las presiones de los cercanos. El buen juez ha de ser un personaje lejano de su clientela, como toda persona que quiere ser independiente, léase un crítico de arte respecto a los artistas. Y, si se trata, nada menos, que de llevar de compañero de fatigas al ministro de turno, la cosa se presenta más llamativa.
De todos modos, aparte de lo que ha supuesto para la mayoría ver a Bermejo rodeado de cornamentas y a Garzón, escopeta en mano, hay otro modo casi doloroso de enjuiciar el episodio. Con 400.000 parados ya, entre los oficiales y los no censados, en recesión declarada, los personajes públicos no han de gastar pólvora, y menos en salvas. No vamos a prohibir que quien todavía disfrute de un buen vivir, libere su adrenalina matando venados, pero ni un juez ni un ministro, que son servidores del pueblo y pagados por el pueblo, deben presentarse ante él, en momentos de crisis económica, escopeta en mano.
La cacería de marras me ha recordado "La escopeta nacional" y es que la memoria histórica no es infrecuente verla entendida por quienes más la traen a colación, como un deseable ejemplo a repetir.

ncvbn dijo
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15 Diciembre 2009 | 10:45 AM