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La Coctelera

javierre

4 Julio 2009

FALLOS EN LA SEGURIDAD AÉREA

 

En menos de un mes, dos Airbús han caído, uno al mar y otro a tierra provocando la muerte de los pasajeros -cientos de víctimas-,  con la sola milagrosa excepción de una niña. En el primero de los casos, el avión pertenecía a una prestigiosa compañía europea, en tanto, en el segundo, la dueña era una empresa, al parecer vetada para volar suelo europeo y  de  cuyo avión se dice que ya tiempo atrás se le habían detectado varias averías. Podrían entenderse los accidentes aéreos en el tiempo de los pioneros, pero la industria aeronáutica ha alcanzado un grado de perfección que no resultan asumibles dos terribles siniestros en tan corto espacio de tiempo. Sin embargo, los fallos mecánicos y el error humano siguen estando presentes, con efectos negativos sobre los usuarios y, en consecuencia, sobre los viajes y el turismo.

Probablemente los fallos mecánicos puedan llegar a obviarse totalmente, si en lugar del atender al coste de un aparato se apuesta por su valor; es decir, si, por una lado se insiste en a investigación y, por otro, se realizan las inspecciones periódicas en el plazo y con el riesgo exigible. Estamos, pues, ante un problema de dinero, ya que ambas cosas - investigación y revisiones - son caras. Y en un mundo guiado sobre todo por el egoísmo y el afán desmedido de lucro, la apelación ética, tiene escaso eco.

Y resulta que si nos referimos al error humano, aunque, gracias a Dios sean anecdóticos los casos, no falta un piloto borracho o drogadicto, o simplemente contemporizador con alguna desidia empresarial, ya sea por necesidad de no perder el empleo o por excesivo desprecio del riesgo, tampoco resulta fácil resolver el problema con cursillos de ética. Sin embargo, es en la llamada a la responsabilidad de los pilotos donde es más posible mejorar la situación. Para los de auto sentida vocación heroica, destacando su responsabilidad al permitir que se embarque en una aventura incierta todo un pasaje, por mucho que ellos se justifiquen pensando que serían las  primeras víctimas en caso de fatalidad. Y para los agobiados por el temor a un despido, inculcándoles valores de autoprotección física y de solidaridad, que les llevaran a negarse a tomar los mandos de un avión no presentado a pista en perfectas y comprobadas condiciones.

Pero allí donde no llegue la reflexión de los empresarios o de los pilotos, en su caso, los gobernantes  han de estar al quite. No es admisible que la Comunidad Internacional no disponga de medios coactivos para dejar en tierra un aparato del que se dice que se le habían detectado varias averías antes de su último vuelo. Por el contrario, resulta monstruoso que se pueda prohibir a una aerolínea incompetente volar sobre un determinado territorio, pero pudiendo hacerlo fuera del espacio en el que se le ha declarado irregular. Ni cabe admitir que los Estados no endurezcan la legislación  de tal modo que un piloto que denuncia el estado imperfecto de la máquina que va a tripular, no tenga derecho a que el avión sufra una inspección independiente. Por lo demás todo piloto debería estar protegido, por ley, mediante un contrato blindado frente a esa situación que  respalde su continuidad en la Aerolínea si su denuncia se confirma.

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